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Como Portugal es parte integrante de la Península Ibérica en la busca de
los orígenes del caballo Lusitano no se considera relevante tomar en cuenta
la línea de las actuales fronteras políticas, pero considerar esta materia
de perspectiva Ibérica. Las primeras marcas que pueden
encontrar los caballos Ibéricos que existían en la Península se encuentran
evidencias que apuntan para la existencia de dos tipos de caballos (Oom,
1992).
El primer tipo, un pony Ibérico característico de las regiones
montañosas,
con orejas y miembros pequeños y la cabeza con perfil recto y
cóncavo. Este tipo de caballo se puede ver en las pinturas pré-históricas
en la Pasiega y Altamira en la región norte de la Península Ibérica. El
pony
Ibérico, tradicionalmente utilizado para pequeños trabajos agrícolas o
de
transporte, llego hasta nuestros días sin gran influencia de otros
caballos, con excepción de caballos traídos por los Celtas. Estos caballos
hoy en Portugal son conocidos como Garranos. Las poblaciones de
Garranos, por ejemplo de la Serra do Gerês, tiene una morfología muy
próxima del pony que se encuentra en las pinturas pré-históricas (Baptista,
2000).
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El segundo tipo que llamaremos en este website como caballo Ibérico, es
un caballo de mayores dimensiones que el pony Ibérico y tiene la cabeza
con
perfil convexo. Las primeras representaciones de este caballo Ibérico
primitivo pueden ser vistas en las grutas de La Pileta (Málaga) fecha
20.000 A.C. en Escoural (Alentejo) que tiene fechas entre 17.000 y
13.000 A.C. (Cordeiro, 1992). Este caballo se encuentra en las regiones
de Sur de la Península Ibérica y comenzó a ser montado en el neolítico
llegando a sufrir numerosas influencias de las diversas civilizaciones que
habitaron en la Península.
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